Reseña de Canto de enredaderas, de Alejandra R. Montelongo

Por Jazmín García Vázquez

México es una fosa gigante, sus tierras fértiles no sólo son alfombra donde crecen plantas hermosas, también ocultan una situación lamentable: son tumba donde miles de cuerpos yacen entre rocas y polvo. Sí, tras la belleza puede haber melancolía. Alejandra Montelongo sostiene esta verdad a través de veinte historias donde sus palabras crean imágenes maravillosas, pero también escenas que duelen.

La autora nos habla de un fenómeno tan terrible como real, al cual ella ha nombrado “aridez social” haciendo referencia a la violencia que impera en nuestra sociedad actualmente, pero sobre todo a la indiferencia que hemos adoptado y esa tendencia alarmante a normalizar los crímenes. Por medio de narraciones breves, esta joven escritora logra crear impacto, atravesar la herida y hacer un llamado a nuestras consciencias. En sus textos las protagonistas buscan milagros y, sobre todo, buscan justicia: encontrar a sus hermanas, aliviar el dolor de sus madres, denunciar a sus violadores, regresar a casa, ver con vida a sus hijos…

Montelongo le concede una voz a quienes muchas veces tienden a ser silenciados; retrata la vulnerabilidad de las infancias y el cinismo de los adultos. Refleja, a través de distintos paisajes, una tristeza colectiva que se respira en lugares donde el sufrimiento se vuelve espectáculo. Las realidades que exhibe este libro tienen que pronunciarse para poder atenderse.

La obra está dedicada a las flores que cantan en el desierto, para no callar nunca más, para combatir el silencio. Este libro necesita ser leído, como las flores necesitan ser apreciadas, como las desaparecidas necesitan ser encontradas. Al final, si bien es desolador el panorama, la prosa de Alejandra es un llamado a estrechar lazos en un mundo que parece soltarnos a cada momento; nos invita a abrazarnos, cual enredaderas, sostenernos y crecer. La escritora aboga por la empatía, sus letras buscan que en el desierto se cante y ya no se muera, Canto de enredaderas nos recuerda que donde crecen las flores, también puede crecer la esperanza.

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